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La ruptura Tito-Stalin

 

La desaparición del capitalismo en casi todos los Balcanes puso sobre la mesa la vieja reivindicación de la Federación Balcánica. Tito y Dimitrov venían hablando del proyecto desde finales del 44. En julio de 1947 se reúnen y llegan a acuerdos para preparar el terreno, como una unión aduanera. En enero de 1948 Dimitrov destapa un proyecto mucho más ambicioso: la "federación o confederación" de todos los nuevos países de "democracia popular", desde Polonia hasta la Grecia controlada por el EKK. Estos movimientos eran peligrosos para los burócratas soviéticos. El control político de la zona exigía el mantenimiento de Estados nacionales, mejor dicho, de burocracias nacionales lo suficientemente débiles como para no enfrentarse a ellos. El estalinismo muestra así su carácter contradictorio: por una parte mantiene la economía nacionalizada y planificada, lo que desarrolla durante décadas estos países; por otra parte, sustituye el control obrero por el control burocrático, y, con la coartada ideológica del socialismo en un solo país, mantiene los Estados nacionales, traba incompatible con el socialismo. Si el régimen de Stalin hubiera sido realmente socialista, habría unificado todos esos países con la URSS y China, permitiendo un desarrollo combinado de las fuerzas productivas tal que hubiera significado un enorme atractivo para las masas de todo el mundo capitalista.

El proyecto de Federación Balcánica, vetado por el Kremlin, fue una de las principales diferencias entre Tito y Stalin. Hubo bastantes más: la falta de apoyo soviético a la reclamación yugoslava de Trieste (que pretendía Italia), la postura liquidacionista de Stalin con respecto a la guerrilla griega... Pero la cuestión de fondo es otra. Los estalinistas de muchos países del Este debían su posición social, totalmente o en gran parte, al prestigio del Ejército Rojo, pero éste no era el caso en Yugoslavia. Tito y sus compañeros estaban en el poder por el apoyo de masas que tenían. Ellos eran estalinistas de formación, y usaban métodos estalinistas; no estimulaban la participación de las masas en el nuevo Estado, garantizando la máxima libertad para votar a los Comités Populares, fomentando la libertad de crítica, permitiendo el control obrero de la producción –la autogestión era una caricatura–, y estableciendo la democracia obrera tanto dentro como fuera del partido. Ni en el Estado ni en el PCY existía la elección democrática de los cargos, ni la posibilidad de revocación. Los dirigentes héroes de la Resistencia usaban su prestigio para adquirir un status social importante, emancipándose del control de las masas.

Detrás de la ruptura Tito-Stalin no había diferencias ideológicas. Es verdad que Tito acusó a Stalin de burócrata, oportunista, etc., pero Stalin también lo hizo; eran acusaciones que escondían algo más prosaico: los intereses de unos burócratas y de otros chocaban. La experiencia de este siglo demuestra que, si se acepta la teoría del socialismo en un solo país, cada burocracia nacional intentará teorizar sobre su vía al socialismo, y a través de ello defender sus intereses sin supeditarse a los de otra más fuerte. Pero sólo las burocracias que tienen suficiente apoyo (como la yugoslava o la china) pueden hacerlo.