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El capitalismo, en retroceso

 

Con el fin de la II Guerra Mundial, a la vista está lo que el capital puede ofrecer a la humanidad: destrucción, hambre, fascismo, explotación. Sólo el enorme esfuerzo y sacrificio de la clase obrera mundial ha logrado la victoria sobre el fascismo; el sacrificio de los partisanos en muchos países, de los trabajadores reclutados en los Ejércitos aliados (los jóvenes de la burguesía y de sectores de las capas medias escurrieron el bulto), y sobre todo del Ejército Rojo, primera causa de la derrota de Hitler.

El péndulo de la sociedad, de 1945 a 1949, gira hacia la izquierda, desde Japón hasta Gran Bretaña. En China la guerra campesina vence y el capitalismo pierde al país más poblado del mundo. Y en toda Europa el prestigio del Ejército Rojo (ariete de un sistema superior al capitalismo, aunque lastrado por el régimen burocrático) y de los partisanos comunistas, auténticos liberadores del yugo fascista, se extiende entre las masas de la ciudad y el campo. El estalinismo soviético, que es visto como la representación de la Revolución de Octubre y como el artífice de la victoria, sale reforzado.

La liberación de Bulgaria por el Ejército Rojo, en septiembre de 1944, fue rapidísima, una vez éste había llegado hasta el Danubio (la frontera norte); seis horas tardó el Gobierno monárquico en rendirse. Hay que decir que en este país la Resistencia (el Frente Patriótico, con comunistas, agrarios y demócratas) jugó un papel importante, organizando una insurrección para facilitar la llegada de los soviéticos a Sofía; el PCB era en ese momento el partido más fuerte y organizado. En noviembre de 1945 se celebraron elecciones a Asamblea Constituyente y el Frente Patriótico obtuvo el 58% de los votos. En septiembre de 1946 el 93% de los búlgaros se posicionaron a favor de instaurar una "república popular". En las primeras elecciones legislativas, el Frente tuvo el apoyo del 75%.

La burguesía internacional ha explicado la implantación en toda Europa del Este de regímenes a imagen y semejanza de la URSS (regímenes con economía planificada y control burocrático) por la coacción de los soldados soviéticos. Nada más falso.

El interés de los burócratas estalinistas soviéticos no era romper con el capitalismo en ningún país, mucho menos ayudar a implantar democracias obreras, que pudieran desestabilizar su propio régimen. Lo que buscaban, una vez inevitable la confrontación con el imperialismo, era una zona de influencia, países capitalistas donde los partidos comunistas (y a través de ellos la URSS) influyeran decisivamente. Según el informe que Zdanov hace para la Conferencia Fundacional de la Kominform15, en 1947, el "campo antiimperialista" (la zona de influencia soviética) tiene como tareas "la lucha contra la amenaza de nuevas guerras y contra la expansión imperialista, el fortalecimiento de la democracia y la extirpación de los restos del fascismo", así como "asegurar una paz democrática duradera". Escribe Fernando Claudín: "Ni en el informe de Zdanov, ni en la Declaración de los Nueve [los nueve partidos comunistas presentes], se dice una palabra sobre la lucha por el socialismo en los países del capital, ni siquiera como una perspectiva lejana ligada a los objetivos inmediatos. Omisión que no puede considerarse casual, teniendo en cuenta que era la primera definición de la estrategia mundial del movimiento comunista (...). Las dos acciones revolucionarias de mayor envergadura que estaban en curso en el momento de crearse la Kominform, las que encerraban una promesa más inmediata de desembocar en revolución socialista –la guerra civil china y la insurrección griega- son totalmente silenciadas"16. El mismo Georgi Dimitrov17 lo deja claro, declarando, nada más ser nombrado, en 1946, jefe del Gobierno búlgaro, que "nuestra tarea inmediata no es la realización del socialismo, ni la introducción de un sistema soviético, sino la consolidación del régimen demo-crático y parlamentario"18.

La variable con la que no contaba Stalin en sus ecuaciones eran las masas. Masas que, habiendo sufrido incontables desgracias bajo el fascismo, no estaban dispuestas a que los regímenes reaccionarios de antes de la guerra volvieran, como si nada hubiera pasado. Sobre todo, allá donde los partisanos o el Ejército Rojo habían traído la liberación. En Bulgaria, Yugoslavia y Albania (liberada también por la Resistencia), como en Checoslovaquia, la ruptura con el capitalismo fue el resultado de la participación activa de las masas, así como de un factor que operó en toda Europa del Este: no existía una burguesía dispuesta a contemporizar con los intereses de la URSS, y que por tanto no se arrojara a los brazos del imperialismo americano; el peligro del comunismo no era su dirección, era su base social, su apoyo de masas, de masas que querían la revolución. La única razón por la que partidos burgueses y comunistas compartieron (durante breve tiempo) el Gobierno, en países como Francia e Italia, fue porque era necesario para recuperar el poder perdido. Una vez logrado, los partidos comunistas fueron inmediatamente desplazados.

Si los burócratas estalinistas no tenían en el Este europeo ninguna burguesía en la que apoyarse, sólo les quedaba apoyarse en los campesinos y trabajadores. Y para ello era inevitable nacionalizar las grandes empresas y acabar con los latifundios. No obstante, lo que se implantó en todos estos países no fue la democracia obrera de la Rusia de Lenin y Trotsky, sino el Estado burocrático y autoritario de Stalin, una caricatura del socialismo.

A pesar de ello, los 40 años de ruptura con el capitalismo en los Balcanes (salvo Grecia) significaron un paso adelante en muchos sentidos. Ha sido la época de mayor estabilidad entre los diferentes países, de industrialización, y de aumento general del nivel de vida. Por supuesto, a un coste mucho mayor que el de un régímen de democracia obrera, donde la economía está controlada democráticamente por la mayoría de la sociedad. El control policiaco-militar, la represión, la censura, la imposición del elogio a los dirigentes, no son rasgos del auténtico socialismo, sino de esa enorme deformación llamada estalinismo.